Como norma general, los centros de trabajo quedan libres de la oblligación de uso de la mascarilla, salvo transportes públicos, centros y establecimientos sanitarios y residencias.

El Ministerio de Sanidad ha editado, junto al decreto publicado en el BOE este miércoles, una guía que las empresas deben seguir para imponer o no la mascarilla en los centros de trabajo (Proteccion_Trabajadores_SARS-CoV-2). La norma general, según este decreto, es que los interiores (excepto transportes públicos, centros y establecimientos sanitarios y residencias) quedan libres de esta obligación. Pero en los entornos laborales serán los servicios de prevención de riesgos los que tendrán que determinar la necesidad de los cubrebocas, en función de una evaluación del riesgo de exposición de los empleados. “En este proceso, se consultará a los trabajadores y se considerarán sus propuestas”, señala la guía.

El documento considera las mascarillas como un elemento de protección más para proteger a los empleados, que no debe ser tenido en cuenta de forma aislada, sino que debe conjugarse con toda una serie de características del puesto de trabajo: “Los servicios de prevención de riesgos laborales asesorarán al empresario o empresaria y se debe recabar la opinión de responsables, mandos intermedios y representantes de las personas trabajadoras. En la evaluación de riesgos se tendrán en cuenta los siguientes elementos: ventilación adecuada, nivel de ocupación, mantenimiento de distancia interpersonal de 1,5 metros, tiempo de permanencia, actividad, condiciones de temperatura y humedad relativa, utilización de espacios comunes (vestuarios, comedores, etc.), medios de transporte particular compartidos, existencia de personas vulnerables en el puesto de trabajo”.

Más allá de esta evaluación, Sanidad recomienda a las empresas una organización del trabajo que minimice riesgos. “Si es posible, evitar la coincidencia masiva de personas, tanto trabajadores como clientes o usuarios, en los centros de trabajo durante las franjas horarias de previsible mayor afluencia. En los peŕiodos de descanso también debe contemplarse esta medida.

Potenciar el teletrabajo para el desarrollo de aquellas actividades cuya naturaleza lo permita. Valorar la adopción de opciones de trabajo mixtas para aquellas actividades que no requieran una presencia continua”. También prescribe el uso de la mascarilla en vehículos compartidos, garantizando la entrada de aire del exterior.

Hasta que la empresa no haga esta evaluación y emita su valoración, los trabajadores podrán decidir ellos mismos si llevar o no la mascarilla. En caso de que no lo haga, los empleados no tendrán obligación de cubrirse la cara, al no ser una de las excepciones que la ley determina para seguir usando mascarillas.

No obstante, la opinión generalizada de los sindicatos es que prevalezca la utilización de la mascarilla, “en función del principio de precaución y cautela, de un uso responsable y del sentido común”. El problema surgirá, lógicamente, en empresas medianas o pequeñas que no tengan un servicio de prevención y que son la mayoría en España, a la hora de realizar la evaluación de riesgos por parte del empresario que no sea técnico en riesgos laborales.